Blogia

De Quimeras y Ensoñaciones

De parte de la princesa muerta

Lo mejor de mi vida has sido tú, tenlo muy presente, mi princesa muerta.
¡ Lo mejor de mi vida ¡
¿Por qué te recuerdo ahora, en la penumbra de la noche, cual si estuvieras viva? .
Y dime, ¿Por qué tuviste que irte, dejándome triste, afligido, melancólico? .
Mis noches son lúgubres sin ti y en mis días, vago luctuosamente por entre una muchedumbre vulgar, chabacana, manidamente insulsa, un gentío que no me dice nada, que no me habla.

Ya sin ilusiones, mi existencia camina desvariando, cual transeúnte soñoliento, divagando recuerdos, repitiendo, repitiendo, repitiendo una y otra, una y otra, una y otra vez todos mis actos, haciendo gala de un inmovilismo atrozmente ensayado ante un espejo, un actor repitiendo un papel, ese soy yo ahora, princesa, yo he sacrificado mi voluntad, mi afecto, al servicio de tu muerte.

Tu humanidad, esa benévola hospitalidad de la que altruistamente siempre evidenciaste, exhibiéndola ante el mundo que te rodeaba, esa humanidad se ha difuminado en el viento, y las cenizas, tus cenizas, esas que me fueron entregadas en una urna, esas se han esparcido, diseminadas por entre el fluir de la corriente del plácido, manso y apacible río Jordán que tú y yo conocimos. .
Ese río donde fuimos dichosos hasta el éxtasis, donde bañarse significaba alcanzar la armonía de nuestros cuerpos y entendimientos, de nuestro espíritu, y donde allá un día me dijiste, “ cuando ya no esté, quiero vagar eternamente en estas agua “, por ello, mi princesa muerta, tus cenizas, tus más intimas reliquias, flotan sempiternamente en el Jordán.

Sé que estás aquí, conmigo, danzando en derredor, cual una sílfide de beldad inenarrable, ofrendándome la mejor de tus sonrisas y sabes, yo te veo, te intuyo, vislumbro tu silueta danzarina de nínfula risueña entre las sombras de la noche, y me regalas, cuando tu ausencia se hace más atrozmente insufrible, y te suplico e imploro que vuelvas, me regalas el don de tú presencia y es el tiempo de tu ofrenda, la ofrenda de Parte de la Princesa Muerta. Cuan singular, ¿verdad, mi princesa? , que seas tú, una divinidad, quien ofrezca su dádiva a un mortal, cuando soy yo quien debiera obsequiarte con prebendas a la puerta de tu templo. Te quiero.

Sobre todo, es cuando me siento junto al río, cuando te intuyo, tú, cual náyade, divinidad femenina protectora de fuentes y de ríos, a ti te siento, con plenitud, bailando entre las ondas, al compás del devenir de la corriente, es tu presencia, mi querida princesa, y te quiero acompañar en tu devenir, me descalzo, deposito mis sandalias en la arena, entre la hierba de la ribera y te sigo en tu trasiego serpenteante; no hace frío, princesa, no temas por mí, el agua templa mi rabia de no poder poseerte, de no compartir tus anhelos, de no contemplar tu fisonomía, tu efigie de primorosa belleza, de no participar en la alegría, de no tomar parte de tus deseos. Aquí, dentro de ti, en el río, aquí eres mía para siempre.

Unos pescadores de madrugada, cuando los peces despiertan, encontraron en uno de los márgenes, en la ribera del río Jordán, unas sandalias abandonadas junto a una urna vacía ….

… Mi incauto Lector, ¿te has dejado llevar por la equívoca percepción de los sentidos, de la imaginación? Y creíste que la aguas del Jordán anegaron mi vida, no, ni más lejos de mi intención.

Perdí conciencia del paso del tiempo, el agua, y tus cenizas, princesa, rodeaban mi ser, mi esencia y yo te perseguía. ¡ No te marches ! . ¿Dónde vas sin mí?. ¡No me dejes sólo! ¡Te quiero, princesa!.
Unicamente la llegada del ocaso me impidió seguir participando de tu compañía, seguirte en tu destino hacia el mar, en la penumbra de la noche fui incapaz de hallarte, las sombras vestían de luto tu camino y me negaban la visión de tu dicha, la oscuridad me impedía caminar entre las aguas, persiguiéndote. Mañana, al alba, volveré a buscarte, mi princesa, al alba, volveré a arrojarme a las aguas en pos de ti y te juro que he de hallarte, no importa lo lejos que el río me lleve, no importa que acabe en el mar, también en él he de sumergirme perseverando hasta encontrarte

Al regreso a la ribera del río, encontrar mis sandalias y la urna me fue inasequible, la opacidad de la noche engullía todos los objetos dándoles apariencias fantasmagóricas.
Unas gotitas de agua salada se mezclaron con las de agua de dulce que resbalaban por mi piel. Jamás he llorado por una mujer, princesa, jamás hasta hoy.

En mi paseo vespertino vislumbre unos pescadores en la orilla y me senté a su lado a contemplarles, el más joven me llamó y me habló : “ Estos objetos son los que está buscando, no busque más, no la busque a ella en el río, ella está aquí y aquí “, dijo entregándome mis sandalias y la urna y señalándome con su brazo extendido y unidos los dedos de las manos el borde de mi sien y el centro de mi pecho.
Le di las gracias por su enseñanza, por el significado de aquel gesto, ella estaba en mis pensamientos y en mi corazón, en mi alma, en mi interior

Esa tarde regresé y dejé de buscarte. Te había encontrado. No estabas perdida en el río Jordán. Siempre has estado y estarás conmigo, siempre has estado y estarás donde yo esté, mi princesa.

Reseñas bibliográficas inspiradoras del relato :
-La historia se inicio inspirada en Edgar Alan Poe, al leer su relato , el cuervo, y la añoranza por Leonora, en mi relato hay una añoranza por otra mujer que ha muerto.
-Lo de esparcir las cenizas es influencia del libro Vivir del Viento, de Alberto Vazquez-Figueroa, donde el protagonista arroja la urna con las cenizas de su mujer a la lava de un volcán.
-De parte de la princesa muerta esta prestado del título de un libro, de MOURAD,KENIZE.
-Nínfula : término recordado de Lolita : de Nabokov, Vladimir y por extensión, náyade.

Del viejo al puente nuevo

Habitando en el espacio del ensueño donde los duendes juegan a ser sinceros, la mujer gris que se confunde con la multitud, pasea indiferente al jolgorio del día festivo, a los murmullos que se elevan por encima de las fachadas.
Su rostro es de princesa de cuento de hadas, su andar es cansino, su mente no está paseando por las calles bulliciosas de la ciudad, sino por el puente que vuela sobre el camino de piedras y que cruzan como dos serpientes sin fin las negras vías de hierro fundido sobre las que trotan los trenes que atraviesan los páramos de la soledad.
Una mancha negro morada desdibuja su rostro, justo donde unas gafas de sol pretenden ocultarla.
- Tropecé, me caí y me golpeé con el borde de la mesa – Le dijo al doctor cuando fue a visitarle.
El trasiego mundanal del gentío había ido bajando en intensidad, las calles más solitarias desfilaban a su encuentro y allá a lo lejos, la rampa ascendente, moderna, del puente nuevo le estaba llamando.
Apoyó su mano en la barandilla y tristemente eligió las escaleras frente a rampa, mientras subía miraba los peldaños y un ligero mareo le sobrevino con la altura.

No podría hacerlo.

Si era consciente de ser capaz de desmayarse allí, sobre los peldaños del puente nuevo. ¿Qué haría al llegar arriba? . Nada.
Entrecruzó los dedos a través de los alambres de la protección anti-caídas del puente, mirando al infinito, mirando hacia su futuro interrumpido por la maldita y estúpida afición del hombre a transformar los sitios peligrosos en lugares seguros.
Si fuese un hombre, tal vez podría escalar aquella barrera y subir a lo alto, pero no se consideraba con fuerzas, ni tan vulgar para romperse los dedos entre aquellas figuras romboidales de alambres que le impedían incluso la visión real de la lejanía.
Al bajar por el otro lado. lo hizo por la rampa, no quería volver a sentir las nauseas de una nueva debilidad, de un nuevo mareo incipiente que le debilitaran en su propósito irreductible. Los patios de las casas rezumaban soledad desde las alturas, incluso el patio de la terraza interior de la remodelada cafetería aparecía vacía, más al doblar la esquina, tres hombres semi-borrachos la miraron con lujuria y compasión.
Cruzó la carretera, anduvo por entre calles amplias con parques de arena y de nuevo vio el puente.
El puente viejo.
Sin escaleras. Sólo Rampa ascendente hacia el firmamento, hacia las golondrinas que bailaban tras los mosquitos, hacia las nubes.
Subió despacio, se acomodó sobre la barandilla, allá en lo alto, en medio del puente viejo, se quitó las gafas de sol, en sus ojos tan lindos asomaron lágrimas, el viento meció levemente su pelo y se llevó las gotitas de mar salada de su blanquecino rostro hacia el abismo de allá abajo. Miró muy lánguidamente a izquierda y derecha, nadie, sólo las voces de unos niños jugando con un balón en la lejanía. Y luego un silbido que cortaba el aire, una gotita minúscula en el frente, que se acercaba, se acercaba, se iba haciendo más y más perceptible.
Nadie había en el puente con ella, y a lo lejos el tren se acercaba, no había alambradas, sólo un pasamanos a media altura, que le llegaba por encima de la cintura. Un pitido del tren la sacó de su ensimismamiento, ¿Por qué diablos pitaría? . Ya se le veía enorme, como un dragón de larga cola, como un animal que quería atrapar entre sus fauces cualquier pesadilla, tragarse cualquier instante de una vida de recuerdos.
Lanzó sus gafas de sol a la vía, al abismo. El tren pasó sobre ellas sin tocarlas. Allá abajo estaban, confundidas con las rocas, indistinguibles. Pero para ella ya no estaban.
Todo había terminado.
Había dicho no. No a su silencio.
Ahora mostraría su rostro y volvería para pedir que pusiesen protección anti-caidas en el puente viejo y también en su vida.

Corro de brujas

El misterio se escondía tras de sus cerrados párpados pintarrajeados de fresa del bosque, un bosque vestido de níscalos en rodales, en corros de brujas, hongos anaranjados que surgían tras las lluvias otoñales y eran su néctar preferido, naranja y fresa, fresa y naranja, el fresa de sus párpados y el naranja de sus níscalos.

Y ella sabía donde buscarlos, allá donde las brujas jugaban a formar corros, corros de brujas.

Indiferente a las palabras, a las recomendaciones, a los consejos – un consejo no pedido es en si un acto de hostilidad -, a las leyendas que hablaban de desaparecidos y maldiciones, de Trasgos y Gnomos, de Trolls y brujas, de nigromantes y arpías, de engendros de la noche, ella, en su inercia inocente de alma afligida, de corazón roto y engañado, de ser errante que no busca nada, que anhela vagar eternamente en el limbo, en el purgatorio de almas imperfectas, quebradas por el amor, por la traición, por la más vil y rastrera perfidia, por la alevosa infidelidad de aquel cuyo nombre juraría no volver a pronunciar, ella, haciendo caso omiso de las patrañas y mitos del bosque que corrían de boca en boca, quiso perderse para siempre entre sus entrañas, quedar olvidada en el entresijo de brumas y oscuridad.

No importaba a donde llegar, tan sólo partir, huir, zafarse de su presente de humillaciones y olvidarle, condenarle al abandono a perpetuidad, al destierro y paradójicamente era ella la desterrada, la que se convertiría en proscrita por una sinrazón, una maldita conjura de sentimientos encontrados, heridos, gobernados por las pasiones del desengaño, de la lujuria y el pecado.

Se había pintado los párpados de fresa para su cita, vestido con los mejores ropajes, calzado su mejor sonrisa en los labios y peinado su ansia rebelde con fragancias de rosas y sin embargo él se hallaba bajo los efluvios de seducción de otra ninfa de pletórica hermosura, de una arpía lujuriosa con instintos de diablesa.
Y quiso el fatal destino que la opacidad y el secretismo con que se llevaba a cabo aquella injuria, aquel agravio, de aquellos dos seres, retozando, copulando, revolcando sus ansias carnales, se mostrase cristalino y diáfano ante la mujer de párpados pintarrajeados de fresa que en aquel instante les contemplaba con hastío y estupor..
Su rostro se expandió cual universo al verles hacer el amor, sus ojos a punto de salir de sus órbitas cual planeta, su boca abierta en un grito que no salía, que tan sólo escuchó su interior, sus manos cerradas en puño, clavándose las uñas en la palma hasta hacerlas sangrar, el fresa de sus párpados se tornó sangre que corría cegándola y allá, ella supo entonces que sus ilusiones se habían roto.

¡¡ Los mataría a los dos ¡¡ .

A él por haberle jurado, por haberle hecho una promesa de amor.
A ella por haberla entregado el reconocimiento de la amistad eterna.

No hay traición más indigna e injusta. Las dos personas en quien más confiaba, a quien más amaba, con quienes había compartido su vida entre risas y chanzas, habían cometido la peor de las villanías. Ahora sólo quería huir, olvidar, buscar la amnesia de los hechos, dormir para siempre en el bosque de los recuerdos perdidos, no perdonar, no disculpas, nada.
En lo intrincado del bosque maldito sintió miedo, huesos helados tiritando, perdidos. Noche oscura sin luna. Ulular del cárabo. Crujido de ramas bajo las pisadas sin rumbo, ateridas de frío. Temblores en la madrugada. Desesperación e impotencia. Resignación. Cansancio infinito del cuerpo, dolor del alma. Terror en la noche.

Apoyose contra el rugoso tronco de un haya, temblando, sin remordimientos y se dejó caer suavemente, apoyando su espalda, hasta quedar sentada, luego reclinó las rodillas y las abrazó con sus brazos, como solía hacer con aquel a quien tanto había amado, apoyó su cabeza contra las mismas hundiéndose entre un mar de lágrimas que arañaban su mejilla.
Cuando su llanto cesó, una tibia sensación de bienestar le hizo alzar sus ojos y un agradable chisporroteo de luces y cálidos naranjas le sorprendió. Alguien le dio la mano, amigable, sincera, y dejó de temblar, escuchó más voces y sonrió.
Si, eran ellas, las brujas del bosque, formando un corro, corro de brujas en torno a una hoguera. Se enjuagó las lágrimas con el dorso de la mano y al mirárselas contempló que eran del color de la fresa, del color de sus párpados pintarrajeados.

El cementerio perdido

Desde la cima, a lo lejos podía ver las luces de una ciudad, extendiéndose en puntitos agrupados cual teselas de un mosaico, a lo lejos, no más de seis u ocho kilómetros. Se preguntó, sin mucho interés, que pueblo sería aquel, aún tenía por delante bastante distancia que recorrer para llegar a su destino final, unas tres horas, calculó. Su vehículo dio un tirón, hizo un ruido extraño, luego otro tirón y otro más, y lentamente fue atemperando su velocidad, el motor dejó de hacer ruido y ya tan solo se movía a impulsos de la pendiente.

- ¡Mierda! , ¡Joder!, ¿Qué coño te pasa?- Se explayó furioso y cabreado el conductor contra su automóvil, golpeando contra el volante, mientras intentaba una y otra vez arrancarlo, girando la llave de contacto a la desesperada, a la vez que pisaba de forma enérgica el acelerador- No me hagas esto, ahora no, por favor, por favor ¡Arranca de una puñetera vez!.

Cansado de intentarlo, se apeó, levantó el capó y miró dentro, guiado por un acto reflejo, como si con mirar lo fuese a arreglar, él, que no tenía ni la más remota idea de mecánica.
La luz de la luna nueva apenas le dejaba distinguir la masa amorfa del motor.
Lo dejó por imposible.
A su nula capacidad de mecánica se unía la oscuridad. Pensó en el peligro que suponía su coche en medio del camino y a favor de la pendiente, lo ladeó, apartándolo de la senda, luego caviló que no había sido buena idea tomar el atajo, no había visto ningún vehículo desde hacía una hora. Ni siquiera intentó usar el teléfono móvil, el día anterior se había quedado sin batería y se le olvidó recargarlo al salir.

- Bueno, ¿Y ahora que hacemos?. ¿Qué haría James Bond? – rió para sus adentros la
ocurrencia, a pesar del fiasco se sentía de buen humor – Pues a esperar que pase algún vehículo o que se haga de día.

Al mirar hacia atrás, observó una luz en la lejanía, no debería de estar a más de dos kilómetros. Por intentarlo que no quede. De todas maneras, por aquel camino no iba a pasar ni un puto coche.
Un caminito secundario torcía a la izquierda y ni corto ni perezoso allá se aventuró. La luna nueva proyectaba sombras en la oscuridad, el silencio era tétrico, oía sus propios pasos sobre la arena y el ulular del viento. Los grillos habían dejado de oírse. Un escalofrío recorrió su cuerpo en la serena y templada noche de verano. En otras circunstancias hasta hubiese sido hasta agradaba pasear con compañía, con su mujer agarrada del brazo, por aquel caminito solitario a luz de la luna, romántico inclusive.
No sabía cuanto tiempo había estado andando, ahora el caminito se ensanchaba y sus ojos distinguían una masa grisácea alargada que se transformó en un muro, y detrás del mismo unos árboles cilíndrico-cónicos que parecían querer hacerle cosquillas a las estrellas y que proyectaban fantasmagóricas sombras a la luz de la luna.
Era a todas luces un cementerio.
La luz de unos faroles se proyectaba sobre el muro, colgando del mismo, frente a la cancela de hierro forjado de la entrada. Se acercó, miró hacia dentro, y a la luz de la luna distinguió un camino de baldosas que terminaba en una casita, al fondo, de donde irradiaban luces a través de las ventanas.

-Puede que hasta tenga suerte- se alegró momentáneamente con sus pensamientos- quizá el enterrador ó algún guarda del cementerio vivan aquí y tengan teléfono ó me puedan ayudar.
Apoyó su mano contra la manija de la puerta, sintió un calambre, la giró y empujó hacia dentro la verja, está cedió bajo un chirrido que le hizo castañetear los dientes. Una bandada de pájaros desconocidos emprendió el vuelo y su silueta se reflejó en la luna nueva. Una lechuza emitió un chillido. Después, de nuevo el silencio. La hoja de la puerta de hierro forjado había dejado un amplio hueco por el cabrían dos personas, no siguió empujando, y penetró en el campo santo. A izquierda y derecha, caminitos de adoquines se perdían entre nichos, tumbas y cipreses. Nunca le habían impresionado los cementerios, al contrario, le parecían lugares hermosos, tranquilos, silenciosos, un oasis en medio del bullicio de la ciudad, lo único que le deprimía no era el lugar en si, sino las gentes que los visitaban, sus tristezas y lágrimas, eso si era lo que le ponía enfermo, pero un cementerio vacío no le imponía, no le asustaba. No había más que cuerpos sin vida, muertos, carne en putrefacción y huesos. No creía en paparruchas de fantasmas, espíritus, ni cosas de esas, siempre le habían traído al fresco, cuando uno se muere, se muere y ya está, sin más.

Tomó la senda principal que conducía hacia la casa, flanqueado por nichos de tres pisos, llenos de flores, unas de plástico, otras naturales, embutidos en jarrones, en vasos o en racimos sueltos, y velas encendidas que casi permitían ver como si fuese de día. Miró su reloj, pasaba media hora de la media noche, no era tarde aún, él ó los habitantes de aquella casa debían de estar aún despiertos. A pesar de su ateísmo, rezaba, más bien rogaba, que realmente hubiese alguien viviendo allí con teléfono y a todas luces parecía plausible. Al pasar debajo de un pino centenario, sus pies pisaron las secas acículas y un ruido de mil pares de narices retumbó entre las paredes, se asustó, tropezó en la oscuridad con una de las raíces del árbol que sobresalía por encima de las baldosas y a poco da con sus huesos en el suelo a no ser que se agarró a una gran cruz de piedra que ostentaba la cabecera de una sepultura abierta, vacía, a cuyo lado izquierdo se intuía un montículo de tierra de reciente extracción y al derecho una lápida, con borrosas palabras, indistinguibles a la luz de la luna desde su posición erguida. Tembló ante el hecho de haber podido caer en aquel agujero negro, en aquella tumba vacía abierta, en la cual no se veía el fondo en la oscuridad de la noche. Hubiera sido mala suerte también. Ya hubiese sido el colmo de las desgracias, haber caído por aquel hoyo y haberse roto la crisma. De pensarlo, unas gotas de sudor le cayeron por la frente, pero él interpretó que eran debido a la larga y cansina caminata que se había dado. Debía ir con más cuidado. La casita estaba justo unos cuantos pasos más allá, filtrándose la luz a través de las cortinillas de las ventanas. Creyó oír voces. Una radio, un televisor quizá.

Estaba salvado.

Cuando puso sus pies sobre el primer escalón, la puerta de la casa se abrió y un rectángulo de luz se proyectó sobre el exterior anegándolo todo de destellos. Retrocedió asustado, como si le hubiesen pinchado con un alfiler, y de un salto hacia atrás descendió el escalón, intimidado por aquel resplandor que le cegaba y sin embargo no podía apartar sus ojos de la luz, de la puerta abierta, en la que una sombra, como un espectro, no creía en esas cosas, se había materializado en el umbral. Se tranquilizó casi al instante, una vez pasado el susto inicial ante aquella sorpresa no esperada, y sin apenas distinguir más que un bulto en la entrada empezó a hablar.

-Discúlpeme que le moleste, mi coche ha quedado averiado cerca de aquí y me preguntaba si ustedes podrían ayudarme, ¿tienen teléfono? ¿Podría realizar una llamada? – preguntó a la figura aun indistinguible que se erguía al contraluz, sobre el marco de la puerta- no les entretendré, sólo avisar a mi compañía de seguro, que manden una grúa para acercarme a mi y al coche a la ciudad.
Una voz le contestó. Si no fuese tan condenadamente ateo, hubiese jurado que venía de ultratumba, una voz de esas como las que les ponen en las películas a las momias cuando resucitan ó a los fantasmas, una voz ronca y queda, que parecía provenir de todos de los lados, menos de donde se presuponía que venía.

- Todo está preparado para recibirte, pero todavía no es la hora, has llegado demasiado pronto.

No entendió nada, absolutamente nada. Tartamudeando, empezó a repetir las mismas palabras anteriores, pidiendo ayuda, solicitando un teléfono. No pudo apenas continuar. Escuchó unos ladridos fuertes, repetitivos, atroces, que le retumbaron en los oídos y vislumbró una figura oscura, ágil y estilizada que se movía entre la luz, velozmente, emitiendo ladridos rabiosos. No necesitaba verlo para saber que era aquello y empezó a correr, huyendo despavorido, los muertos no le daban miedo, pero los perros si, les tenía pánico desde que un doberman casi le arranca un brazo, esta vez sí estaba asustado ante un peligro tangible y tan real y al huir, olvidó la raíz del pino, con la que tropezó nuevamente, cayendo al suelo y golpeándose la rodilla contra la lápida de la tumba abierta, lastimándosela, sintió un dolor tan agudo que por unos instante creyó haber perdido el sentido, el conocimiento, su alarido se confundió con los ladridos, se reverberó propagándose por toda la necrópolis, permaneció allí tumbado, agarrado a la lápida, contusionado, sus ojos se iban acostumbrando a la oscuridad e instintivamente, como un acto reflejo, leyó la inscripción de aquella piedra que tenía a pocos centímetros de sus ojos.

¡Su nombre estaba allí escrito! ¡Y su fecha de nacimiento! Y una inscripción que decía: “Tu adorada esposa Cristina y tus hijos Juan y Luis nunca te olvidarán”. ¡Eran los nombres de su mujer y los de sus hijos! Todo aquello estaba grabado con letras doradas sobre aquella lápida. Se olvidó del perro, se olvidó de la figura al contraluz de la casa, se olvidó del dolor que sentía y moviéndose a un lado buscó como un poseso la fecha que se suponía sería la del fallecimiento y que su cuerpo tapaba.
¡Era hoy¡ ¡La fecha del fallecimiento era la fecha de hoy! Ya era después de medianoche. Antes de perder por completo el sentido, recordó las palabras de aquella sombra, fuese lo que fuese : “ Todo está preparado para recibirte, pero todavía no es la hora, has llegado demasiado pronto”.

Cuando despertó, dentro de su coche, estacionado en la orilla, la oscuridad seguía rodeándolo y un sudor frío le recorría todo el cuerpo.

- ¡Que sueño tan real! – arguyó en voz alta para si mismo, todavía temblando, se pasó la mano por la rodilla, no había ninguna herida - Uf, joder, no puedo olvidarlo, a pesar de que sé que tan solo es un jodido sueño. ¿Cuánto tiempo habré estado dormido? .
Miró su reloj, tan sólo era la una, ni media hora siquiera había transcurrido, se había quedado traspuesto, una cabezadita y un horrible sueño y ni un solo coche había pasado, algo cansado, salió al exterior a estirar las piernas y en la lejanía vio una luz que no recordaba haber visto antes, justo en el mismo lugar que aparecía en su sueño. Sintió un pinchazo a la altura del pecho, a la altura del corazón, algo le roía por dentro, le molestaba, hurgó entre los intersticios de su camisa, la desabotonó y con asombro extrajo unas acículas de pino.

Campamento hippy

Ella recuerda sus años pasados, sus locuras cometidas en nombre de la paz, su amor compartido libremente, su libre albedrío de elección, recuerda con anhelo, con deseo y con pasión, a su mente le llegan las palabras escritas por Teresa:

“Si extrañas lo que hacías, vuelve a hacerlo.
No vivas de fotos amarillas…”

Su álbum aún no tiene los años suficientes para amarillear, pero cuando contempla las fotografías del pasado y mirándose al espejo en el presente, intuye que el brillo de sus ojos ha perdido resolución, que la expresión de su cara ha perdido ilusiones y ganas, que su piel está más ajada y deteriorada, deslucida, sus cabellos están domados y llenos de tintes, mientras en el álbum son indómitos, revueltos, desgreñados, rebeldes y naturales. Y ella, algún día perdido del calendario, pero un día importante en el devenir de la historia social, extrañando lo que hacía, baja a la calle y vuelve a hacerlo, grita en grupo, en multitud, grita pidiendo la paz.
Juventud apasionada y sentida, de noches de luna y estrellas, de vino, de cerveza, de drogas blandas, de amor y pacifismo, de gritos exaltados en contra de la guerra, en contra de la violencia, en contra de la degradación del ser humano, en contra de la superioridad de raza, a favor de las relaciones personales intensas y emotivas, el compartir lo que no se tiene, el rechazar lo que hace daño y afea, el rechazo al autoritarismo, al poder, a las armas.
Adiós a las Armas, Adiós.
Hola a la Paz, Hola.
Buen día al Amor, Buen día.

Y lancemos palomas blancas con ramas de olivo en el pico, que al batir las alas desvíen las balas y dispersen en el aire la pólvora, y la no dispersa se use en fuegos artificiales en las noches de fiestas alrededor de los campamentos.
Y ella mostraba su cuerpo desnudo al sol, cuerpos desnudos al sol, libres, voluntariosos, indiferentes a las miradas, ebrios de placer y sentimientos. Amor libre, indecoroso a ojos foráneos, advenedizos, siendo ellos para el resto del mundo que se llamaba a si mismo civilizado, eso, advenedizos, intrusos, colonos establecidos en campos de nadie, sin empleo ni oficio digno ni conocido, dedicados a la lujuria y la promiscuidad, unos vagos perezosos gandules remolones, unos golfos holgazanes viviendo del cuento. Y ellos, desnudos al sol, luchando contra el mundo intransigente e intolerante, retoman su espíritu de solidaridad y pureza, una pureza de especie, no de raza, un mestizaje humano, su fuerza de sentimientos compartidos ante la adversidad y nuevamente, ante el muro de voces discordantes, encuentran las palabras de Teresa:

“Tu espíritu es el plumero de cualquier tela de araña”

Ese espíritu de libertad,- libertinaje dirán los otros- , de cohesión, barre toda la suciedad, derriba todos los muros, esa unión que hace la fuerza y esas manos unidas clamando lo que es justo.
Ella recuerda, que a pesar de los años transcurridos, aún participa, a su modo, de aquel campamento, de aquellos recuerdos del pasado, cuando forma parte, en el presente, en su presente, de las manifestaciones multitudinarias a favor de la paz, o levanta las manos pintadas de blanco hacia el cielo por el fin de un atroz y humillante inhumano acto de fanáticos descerebrados.
Y recuerda el final de aquella etapa de su juventud, aquella forma de vivir se fue transformando pausadamente, y el primer indicio de cambio llegó el día que supo que iba a ser madre y debía afrontar el hecho de llevar una vida dentro, ser responsable de ella y ese fue el principio del fin, y su primera decisión de ruptura llegó con el hecho de cambiar sus hábitos alimenticios, ella, vegetariana convencida, opuesta a todo sacrificio animal, defensora acérrima del mundo animal, supo que debería aportar a su hijo proteínas animales y poco a poco, la carne entró a regañadientes a formar parte de su dieta, pero sabía que lo hacía por una causa noble y justa, su hijo, ninguna más noble y justa que esa para romper sus principios.

Cuando su propio compañero sentimental conoció la noticia, organizaron en el campamento unas jornadas de vino y rosas, de guitarras y palmas, de canutos y danzas, de abrazos y besos. Todos, en torno a una hoguera gigantesca, mayor que sus propias tiendas de campaña, cantaron y bailaron la danza india de la lluvia, sin propósito, sin intención, sin pedir lluvia y gritaron la enhorabuena y la dicha durante un par de días, en los cuales, los festejos se prolongaron más allá del amanecer.
Después, las proteínas animales formaron parte de su dieta, y aquello empezó a desterrarla del grupo, nunca jamás forzada por ellos, sino por su propia voluntad, por su propio deseo de un cambio, una fase nueva de un ciclo, que era su vida, se abría ante sus ojos y atrás quedaba un recuerdo vivido con ansias y deseos, su fuerza de convicción estaba arraigada en ella, y de nuevo Teresa volvía para decirle:

”Sigue aunque todos esperen que abandones”.

Sabía lo que su hijo necesitaba, tal vez para ella fuera suficiente con asimilar proteínas vegetales, o de pescado, - al que no consideraba carne animal, sino pescado, simplemente- , pero su hijo, estaba convencida, y reconvenida por un médico amigo, para nacer sano y fuerte necesitaba alimentos de origen animal.

Y el destierro del grupo, del campamento, se fue paulatinamente forjando. Los lazos de unión se fueron desatando, una nueva etapa empezaba y ella fue la desencadenante de una huida precipitada en un movimiento que a posteriori también se desintegró cual terrón de azucarillo en el café, y el campamento, desapareció de la misma forma que se formó, sin hacer mucho ruido, sutilmente, pero dejando recuerdos imborrables en cientos, en miles de almas inconformistas, que no miraban hacia atrás, sino adelante, y que leían las palabras escritas de Teresa:

“Detrás de cada línea de llegada, hay una de partida.
Detrás de cada logro, hay otro desafío”.

Y esas palabras daban alas a su vida, y la iba llena de desafíos, el futuro era un desafío en si mismo, el pasado fue un logro y el presente era un sentirse viva.

Teresa : “Mientras estés viva, siéntete viva”.

Las chicas del calendario

Las chicas del calendario.

La chica del calendario del mes de enero tenía (.)-(.) de hipo ..de hipo…de hipopótamo y tenía un V de hiper.. hiper.. hipermercado. Grandes (.)-(.) y público V.
La chica del calendario de enero era rubia, pelo corto, ojos -dos- , y culo, ¡hostias!, ¿Cómo tenía el culo? . Bueno, supongo que bueno, pos no se le via.

La chica del calendario del mes de febrero era escasita de (.)-(.) y bella de V , ¡Tenía una bellosidad en el V¡ (va a ser con v, la bellosidad, ó ¿va es b?). Bueno, era para arroparse, que asín no cogía refrío. Cabello negro rizado –con pelos también- y ¡Joder¡, Qué tampoco el culo le pude ver. ¡Ni dando la vuelta al papel¡.

La chica del calendario del mes de marzo era negra ébano, mu morena, pa’mi que sabia pasado un poco con el sol ó sabia arrimado mucho al fogón ó a la sartén ó al cazo y sabia tiznao. Las (.)-(.) las tenía tapás con una mano y con la otra tapaba el V , y acá sólo conté cuatro dedos, ¿Dónde estaría metido el otro?. ¿No sería cuatromesina?.

La chica del calendario del mes de abril llevaba zapatos de aguja, medias blancas de enfermera, una inyección para elefantes, un fonendoscopio colgado al cuello que separaba sus (.)-(.) en dos partes equidistantes ¡Quien fuese fonendoscopio! y una V peladita y chiquitita .

La chica del calendario del mes de mayo era pelirroja, pecosa, -muchas-, y una grande por encima de V, como a unos cinco dedos, que parecía un abujero y me dijeron que ella a esa peca la llamaba ombligo. No importa que fuese poco inteligente, ¡Estaba de buena¡. 12-9-15, ¡Qué usé la regla para medirla!.

A la chica del calendario del mes de Junio es a la primera a la que se le vio bien el culo, respingón, apretado, elevado ¡Pero no se le veía la V!. Hay que fastiarse. Y de las (.)-(.) sólo se le veía una, eso si, no era una (.) , era una ubre, pues todo aquello que la mano no cubre …

A la chica del calendario del mes de Julio, su largo pelo negro le caía por delante, le cubría sutilmente las (.)-(.), pero dejaba ver la V. Piernas largas, caderas anchas, cara risueña, boca –una- en beso, gafas, cejas depiladas, axilas también, V no, sin bigote, monturas al aire, que no quiere decir que anduviese el hombre invisible empujando, sino que las gafas era modelnas.

La chica del calendario del mes de agosto lleva gorra de pizzera, y bate de beisbol, con las (.)-(.) levantadas, no se le veía la V ni el culo, pero de todas era la más fea, algo regordeta, muy coqueta, pues guiñaba un ojo, coloretes, dientes blancos, sonriente, Vamos, que a pesar de todo y sobre todo … ¡estaba de rechupete!

La chica del calendario del mes de septiembre era delgaducha, estirada, pero de respingonas (.)-(.) juguetonas y una V resaltada que parecía que te miraba. ¿No sería que eras tú el que lo hacías?. Va a ser eso. Que ahí no están los ojos –dos- y preciosos, lentillas, sino imposible, miré por detrás, y na, ¡Que chungo!, ni culo ni número der movil.

La chica del calendario del mes de octubre, esta si, esta tenía unas ubres, asin (((( . )))) –dos- que raro, como todas las anteriores. Unos pezones como escorpiones negros, una V como conejo, unas patas como gacela, unos ojos como jineta, unas piernas como jirafa, unas caderas como jaca jerezana, y una cola de caballo en la cabeza, Toda animal ella era.

La chica del calendario del mes de noviembre era guapa, ojos rasgados, amarilla, (.)-(.) normales, ni grandes ni chicas, naturales, de las anteriores no apostaría nada, V en v, depilada, con un tattou y un pin, curvas de infarto, blandita, pero sin teléfono ni sin culo por detrás.

La chica del calendario del mes de diciembre, pues como que vamos a dejarlo, eh, que el año ya se ha acabado y ya la tengo muy vista y no os voy a dar más detalles, que aluego la andan criticando por la calle y en casa se me queja y tengo que dormir en el sofá, que mi mujer es de las de armas tomar. Pero para que no os quejeis os la voy a dibujar.

(.) (.)
....V

¡¡ Eh ¡¡ , ¿Qué? . ¿Es guapa ó no es guapa mi mujer?."

Ala Di que no y la lámpara Wonderful



Erase que se era una jardinera -pelín hortera esta nena- regando la floresta con una manguera un día de primavera. En su nevera, dormía una gran morcilla patatera, de las buenas, de esas que con una miaja imaginación saben a ternera con limón y tropezones de jamón y con un condón, quise decir "con Don" dilidin dilidon dililay, don dilidin dilidon dililay empiezo en un momento, sin más lamentos este cuento tan guay del paraguay.

En Oriente Medio ya hace la tira tiempo, que en estos tiempos de hoy ni te cuento el cuento que se armó allá sin venir al cuento. Y toa la culpa es de un líquido aspetoso oso oso, cual carbón, viscoso, oleaginoso y que ni siquiera se come.
¡¡ Jate tú ¡¡ El PETROLÊÊÊÊÊÊO.

En aquellos tiempos de este cuento no se usaba el petroléo, se usaba aceite de coco, que es el cuento que se cuenta a los niños que comen poco, ¡Que viene el coco¡ ¡Que viene el coco¡ Y se come a los niños que comen poco …
¿O era el hombre del saco?. Jo, pos a mi me los contaron los dos.
Hoy en día se es más realista y los niños ni se asustan a no ser que les cantes una de J.L. Perales. Y a mi me que gusta. En fin.
Que me perdí, iba hablando de … ya, ya recuerdo de por onde sale el sol, bien, en aquel sitio vivía un joven que al morir su apá, su amá tuvo que trabajar fregando escaleras y el hijo crecía en las calles sin arte ni oficio, un pillo corre corre que te pillo, a estirar a estirar que el diablo va a pasar, y acaeció que un día de mercado ado ado un anciano le preguntó por su papá y al enterarse que había muerto lloró como hombre lo que no supo defender como mujer .

-Soy tu tío (jodio po`l culo) Salim, llévame a ver a tu madre, Aladino.

En realidad era un brujo mago africano ano ano. No os vayaís a creer que el tal Salim fuera en ralidad tio de nadie. Que os veo como mu ingenuos pa vuestra edad.

-No tenemos casi nada que darte de comer. Salim -dijo mamá- somos pobres, fregar escaleras no da pa mucho y mi hijo se pasa to el día zascandileando ando ando con los amigotes de tasca en tasca, borracho, jugando al mus y a los dardos, hablando de mujeres y de futbol y ni una rupia trae a casa.

- Pues yo sabría hacer de tu hijo un hombre de provecho, echo echo le educaría en el respeto, todo tieso y derecho y un oficio aprendería. Señá María, ¿me lo deja unos días?, con unas cuantas refriegas y somantas de palos (esto dicho por lo bajo), le traigo hecho un hombre hecho y derecho. Na de mujeres, na de vino, na de parrandas.
En esto que Aladino jartode de vino de de escuchar tantas sandeces va i arremete:

-Anda, anda, sin parrandas ¡ Ni modo ¡.
MADREEEEE, venga, ¡Ala¡ ¡di que no! , venga, madre, ¡Ala! ¡di que no¡ , ¡que me enfado¡ .

Pero mama, al oir a Salim decir que la colmaría de agasajos, ristras de ajos, gusarapos, colgajos, pelagatos, ornatos, zapatos, gatos, patos, trapos de mil colores y olores a incienso y cientos de seiscientos, aceptó su ofrecimiento.
Y mientras Salim, de una oreja, se llevaba a Aladino, arrastrándolo a su destino, a este se lo oía decir:

-Traición, Madre, comete un acto de sedición, venga, va, ya, ¡Ala¡ di que no,….., ¡Ala¡ di que no
y … como Ala di que no se quedó, y al desierto viajó, de una oreja de un tirón.

Ya hemos llegao. Tamos en el desierto. El mago le ordenó que buscara leña. Va marrón ma caido encima, un dictador sos vos. ¿Leña en el disierto? , si hombre, a diestro y siniestro. Pues os lo creáis o no, en el Oasis la encontró, que es un bareto de Guadalajara con tapas variadas, y con la leña hizo un montón y el mago fuego le prendió pa pasar la noche, ya que.. ¡ En el desierto de noche hace una rasca¡ que no se la salta una carabana de beduinos puestos sobre la pared y haciendo el pino.

El mago, con tanto beber leche de camella preñada, ¡Es que lo que coloca loca loca la leche de la camella¡ ¡Tendríais que probarla¡ , que se quiten toas las drojas de sintesis modelnas, pues eso ,empezó a desvariar y a decir cosas raras como : supercalifragilisticoespialidioso el hombre contra mas feo mas hermoso, y toma del frasco carrasco, San Fermin, San Fermín y cosas afín, tras lo cualo una losa losa (no es que fueran dos losas de porcelanosa, no, es que la segunda era china, filipina pa más certeza, ¡Y bebía cerveza¡, ay, so chacho pendeja, no saber decir rosa, con r de rabo , no con l de monedelo, a ver si aprendemos arameo, timoteo, que me voy a comprar un alfa lomeo) y Salim le dijo:

“Ala di que no, abre la losa (ya te gustaría a ti abrirle otra cosa a una moza) baja las escaleras y no te entretengas comiendote la morcilla patatera de la nevera, cruza un jardin, allá verás una lámpara vieja de aceite de coco y tráemela. Venga machote, ¿quieres un machete?, pero si a ti te sobran orejones, y cojo..., no me tientes, no me tientes, que te arranco un diente. Venga, que ya me estás tardando ando ando”
Y como Ala di que no se mostrase cabizbajo, retraido, cagado y meado del miedo que allí estaba pasando, Salim le ayudó con un empujón tipo sopapo (que no es una sopa de pollo ni tan siquiera alguien hambriento) en el omoplato que le lanzó mar adentro (y sin oscar interpretativo del Javier Bardem) de la oscuridad de aquel garito y enigmático pasadizo infernal.
Y cruzó el jardin subterraneo y halló la lámpara y dentro un anillo, el cual se lo puso y le venía al dedo, y regresó llenandose como por casualidá na más los bolsillos de piedras preciosas que pendían de los arbustos del jardín.

Cuando quiso salir del pozo, Salim no quiso ayudarle, sólo quería que le diera la lámpara. Ala di que no le suplicó que lo sacara, pero el mago se puso furioso y le dijo que antes de sacarlo prefería perder los poderes de la lámpara y de un golpe serró la losa losa sobre su testa. Tonces todo era oscuridad y frío y Ala di que no comenzó a frotarse las manos para darse calor y como una nube de luz salió del anillo; era un genio que le dijo hijo hijo : - “Ámo a ve, ámo a ve, ¿Tú pa que carajo ajo ajo me has despertado? ¿Ehim? , Que andaba yo durmiendo siesta y soñando con la Z Jones de los cojo.. cojo … cojonudos ojos, dos que tiene dos, dos ojazos bajo la barbilla que son una maravilla la lluvia en sevilla" .

Una vez pasao el sofocón y vuelto a la realidad y darse un cuenta que los sueños solo sueños son y la Z Jones uno era, con compostura y sin más dilaciones, el genio del anillo volvió a decirle

-“ Amo, haré lo que me ordenes"
y sin pensarlo mucho Ala di que no le dijo que él también quería verle los melones a la Z Jones,

- “¡Si hombre, y que más¡ -replicó el genio del anillo – pa mi va a ser sueño y pa ti realidad, ¡ Pues ni hablar¡ ¡Yo te llevo a casa de tu mamá.¡ ¡Que ya ella sabrá educarte con arte¡ y dicho y hecho en pocos segundos aparecieron allí y le contaron lo sucedido a su madre.
Y con las jojoyas en el bolsillo salieron de pobres, pero no de mucho, porque la vida anda mu achuchá y Ala di que no, cuando aquello se gastó, en cuchipandas y cubatas, sacó de nuevo su genio , pues se había vuelto pelín malhumorado y le pidió riquezas a tutiplen, pero el genio del anillo le dijo :

-“Ande bas, tú, so pijo, que yo solo puede llevarte de uno a otro sitio” – soy tan solo genio viajero, un nómada ovejero.
Pos vaya fiasco de chasco, carrasco, chupa del frasco

Ante la inminente vuelta de tuerca a la nueva pobreza, la madre de Ala di que no decidió vender la lámpara de aceite de coco y comenzó a frotarla con un paño de gamuza azul para limpiar la suciedad, por que digo yo que con esa suciedad no iba a presentar en sociedad a una lampara de coco, y de repente ente ente apareció un horrible genio que con una vos espantosa osa osa dijo.:

-¿Quién osa tamaña afrenta?. Llevo acá metido dos mil siglos y pico y un pato, son, eso,eso, chocolate hueso, ¿si de mil patos metidos en un cajon, cuantas patas y picos son?. Presto, presto, contestad ó si no me cabreo.

-Pues si hay mil patos y cada uno tienes dos patas y un pico, dos mil patas y mil picos.

-Pos mal

-Caya, canalla, que de mil patos metidos Metí-dos, osea que hay solo dos patos en el cajón, por la tanto, cuatro patas y dos pico.

-Pos va a ser que no.

- ¿Cómo que no?. A ver, listillo, ¿cuantos tonces?

- Je,je,je, donde dije digo digo Diego, yo dije patos, usease machos, por tanto tan solo dos picos, pues patas jembras no había ninguna, bueno, las que los patos se ligasen al salir del cajón.

- Nos ha salido chistoso el genio este de la narices y sabes hacer algo más o a la lámpara, por mis muertos, que regresarás.

- Vale, vale, no te cabrees. Soy el esclavo de la lámpara wonderful .Ordenen y obedeceré.

A partir de es día a Ala di que no y su madre no les faltó nada.

Un día paseando por el mercado vio pasar a la hermosa osa osa hija del sultán majara mas que majara majaraja jaja jaja quien lo enamoró con solo una mirada.Y eso que la sultana hija no llevaba sotana, pero si gafas de sol y amos a ver, ¿cómo lo hizo?, por arte de birli birloque, sino, ¿con gafas de sol negras le enamoró con una mirada?, oyes, que sepais, que de aquí se sacó la leyenda esa que dice que el amor es ciego. Que lo sepais, pero no lo vayais por ahí contando ando ando.
Al llegar a su casa el joven pidió a su amá que llevase las piedras preciosas osas osas que había recogido en el jardín al Sultaán majara mas que majara y que le pidiese la mano de su hija para poder casarse con ella.

¡Y sin chingar antes¡ ¡Esto es un desastre! ¡Que atrasaos¡ ¡Con genio pero sin catarla antes¡ ¿Y si la sandía sale verde? .
La mamá trató de convencer al sultán pero este con chusma no se mezclaba , a no ser que tuviera plata y dijo -Si tu hijo construye antes de mañana un espléndido palacio, consentiré esta boda.

Ala di que no ansioso oso oso le pidió al genio de la lámpara wonderful que se la levantara, no la cosita entre las piernas, que estaba visto que hasta después de la boda no habría nesesidad, sino que levantara un palacio con mil fuentes y afluentes en oriente y estatuas de sirenas y de nenas con dientes relucientes y pendientes a quienes no faltasen pretendientes malolientes que se enjabonaran en las verdes termas de las praderas eras eras del palacete de la sultana princesa que yendo pa´l Bacete va y se la mete…, la mano en el borsillo, y saca un billete, un Palacete como un genio manda.
El sultán se cayó de espaldas al ver el Palacete y de ipso facto ordenó la fiestuki y él mismo ofició de Obispo Cardenal pa casarlos. El Jolgorio rozó la histeria y pa mi que hubo asunto entre el sultan, que era viudo y la mamá de Ali di que no que también lo era. Y en la boda Ali dijo que si. ¡Pa decir que no¡ ¡Los huevos le hubiera el Sultan cortado¡ .

Acá hay censura. Pues los tejemejes metesaca se quedaron de puertas pa dentro cerradas. No seáis cotillas, e iros a comprar una peli porno. ¡Es que ya es el colmo¡ ¡Os lo voy a tener que explicar todo¡

Y en esto, los días felices pasaban, y através de tam tam tam, le llegó la noticia a Satán, a Salim quería decir, el mago, las news de que Ala di que no no había muerto enterrado y ¡¡ Cojió un cabreo de no te meo ¡¡ , montó en su camella que de nuevo estaba preñada, aunque no me lo explico, pues Salim en el harén no tenía camellos ni dromedarios,….. uy,uy,uy, no sería que al tan Salim tambien le iban las … y alimentandose de leche de camella ella ella llegó al palacio de nuestros heroes y sei´zo pasar por vendedor de lámparas.

- Al rico helado de pera, para el nene y la nena- gritaba pregonando ando ando- Cambio lampara wonderful vieja por lampara de aceite de oliva nueva, recien traida de Jaen, Cambio Cambio, que doy duros a cuatro pesetas, Euros a 90 céntimos, también vendo dólares , la Dolores, la Lola va en el lote, de regalo, que lo mismo sirve pa un roto que pa un descosío y se deja, se deja hacer de todo, hasta la vueltecita verde.

En esto, que la princesa sultana ana ana, como no sabía ingles, sacordó quel marío tenía una lampara wonderful y la muy …. (se admiten sugerencia pa los puntos suspensivos) la cambió por una lampara nueva.
Ya te pillé Andrés, cantó Salim en cuantico tuvo la lampara wonderful en sus manos, la frotó con más fuerza si cabe que cuando a la camella se la …, se la…., se la…, se la ordeñaba pa colocarse y claro, pareció el genio, que le dijo:

-Ahora eres mi amo, tienes mi ordeño y mando.

-Vale, pues tío, que yo no quiero ser menos que mi sobrino, que le oí pedir un deseo insatisfecho en el pozo ande te encontró, asi que quiero un polvo echar con la Catherine Z Jones. - ¡¡ Jo.er con el Salim pelín Salido que nos ha salio ¡¡
No, no, no, guan momen, perate, perate, uno no, uno tan solo no, uno multiplicado por uno un millón de trillones de veces.

-Concedido.
Y el genio le llevó ante la Z Jones y luego de ponerse en situación, esta dijo.:

-¿Ya? ¿Pero ya, de los yas yas? ¿Ya tá? ¿Eso es todo? -

-Si, bueno, es que la primera vez … , pues…, pero aun nos quedan un millón de trillones de polvos pa echar. Me tomo un pitillo y empezamos el segundo.
Pero el genio de la lámpara wonderful, que le llama al orden y le dice,¡¡ ah, se siente Salim, ¡¡ no hay mas polvos con la Z Jones de los cojo… cojonudos ojazos.
Salim que está a punto de estrangularle al ver desaparecer a la Jones y le replica to engañado.

-¡Que has hecho so desgraciado¡ ¡Que me las quitado¡ ¡Vaya genio pacotilla de morcilla¡ ¡Lo tuyo todo es de boquilla¡ ¿Tan solo un polvete? ¡Que me he corrido na mas verla¡ ¡Que me he quedado a cuatro velas¡ ¡Venga, anda, baranda, ¡ ¡Pa´que te la´s llevao¡ ¿Es que t´as celoso? ¿La compartimos a medias?.

- De eso nada, so lagarto, que yo de tirármela estoy harto-dijo el genio wonderful- yo tan solo hize cumplir tu deseo, tú deseaste que querías echar un polvo con la Catherine una vez multiplicado por uno un millon de trillones de veces, y zo zopenco, por muchas veces que multipliques uno por uno, siempre será uno, por tanto sólo uno.

- ¡Míalo que Jodio¡ ¡Pues me has jodio bien jodio¡ . Pos Ala anda, ahora quiero echarle cien polvos. ¡Tráela de nuevo¡

- Ah, se siente, no valen cromos repes. No se pueden repetir deseos.

- Vete a tomar por cu... , por Cuenca a mano derecha hasta llegar a la ciudad de piedra. Anda tío, llevame junto a la sultana.

Y tras este brete, tras este breve lapsus calentorril de Sadim, llegamos al palacio, donde estaba sola la princesa sultana, paseando en bata por la terraza. –“Uf, después de la Z Jones, esta es de la de los montones” Anda genio, coge el palacio, y a mi, y a todo lo que hay dentro y llévanos al desierto-

Y dicho y hecho el palacete se fue al desierto.

Ala di que no al descubrir el entuerto, se tiro de los pelos y juró en arameo meo meo, buscó sin descanso y la Z Jones le llamó por el movil diciendole que un picha floja de nombre Salim acompañado de un genio le había tirado los tejos. Ala di que no, enfurecido ido ido, más por que Salim se le adelantase con la Jones que no por otras buenas razones, acordose del genio viajero del anillo que llevaba puesto, y presto, y con mucho arresto, pidiole ser llevado a presencia la princesa.
Vale ya hemos llegado. Ya estamos todos en el desierto. Ala di que no con la princesa al lado, a la cual le pregunto si Salim algún pelo le había tocado, pues odiaba ser cornudo, aunque fuese con un falso tio suyo.

-Todavía no, es que me ha visto en bata, con mascarilla exfoliante en la cara y con rulos , pero rápido, salgamos de aquí antes que vuelva, que ha dicho un no se que de aliviarse con una camella.

Ala di que no ideó un plan mucho mejor, debía recuperar al genio de la lámpara wonderful, que Sadim siempre llevaba encima y que mejor que la princesa sultana pa servir de cebo. Esta, al principio, se negaba, pero ya puestos…
Cuando Samir regresó de visitar a su camella, a lo lejos divisó una linda doncella, danzando la danza de los siete velos, Wow, la princesa, ¡¡ Esta relinda y bella ¡¡ , jo, que meneito, que caderas, que muslos, que piernas, que pechera, que ombligo, ¡¡ Ay, que me derrito ¡¡ ¡¡Que se me mueve el pajarito ¡¡ .

A esta me la tiro sin genio de por medio, vamos que si, aquí, en pleno desierto, sin ruidos molestos.
La princesa esa esa se acercó bailando ando ando hasta el balcón, Salim que sacó un condón del bolsillo del pantalón, la sultana que le mete mano por el an… por el an… por el antebrazo pa`bajo pa´bajo , buscando, buscando, el wonderful, Salim que le mete mano a ella por detrás, por delante, por la pechera, buscando el wonderbrá , la princesa que lo encuentra, la lámpara wonderful, Salim que tambien, el wonderbrá, Ala di que no que escondido tras ( y escondido tras las cañas duerme mi primer amor, llevo tu luz y tu olor por dondequiera que vaya) la cortina es comido de celos , sale gritando cual corneril becerro. El wonderful que cae al suelo, maniobrado por torpes dedos, el wonderbrá que lo mismo hará, la princesa sultana en toples queda, la lámpara por el suelo, Salim que aprosima sus manos a … a… a… a las tetas la princesa, Ala di que no que hace lo mismo, a las tetas van directas, la princesa, por mas señas, que se agacha en ese mismo instante a por la lámpara, Ala di que no y Salim que se abalanzan el uno sobre el otro creyendo tocar carne blanda y quia, tocan pecho tigres, pues van y se me abrazan.

- ¡¡¡ Tioooooooooo ¡¡¡
-¡¡¡ Sobriiiiiiiiiiiiiiiino ¡¡¡

La princesa que coge la lámpara maravillosa del suelo y la frota con algodón cual mayordomo de la tele y el genio que sale, le mira las tetas y se la pone tiesa, la cabeza, muy ergida y tiesa y le responde: -“Nunca tuve tan preciosa ama, madama, ahora sois mi dueña”

-Pues mira, a esos dos que se abrazan, que les den con mostaza. Que con una camella se lo hagan a la luz de la luna llena y el otro a la luz de la luna nueva.

- Pero amorsito- dijo Ala di que no – que yo he venío a salvarte, que te adoro como la mora al moro. No me haga eso, cacho pendejo.

- ¿Prometes portarte bien? ¿Serme fiel y no embustero?

- Si, si, si. Lo prometo.

- Vale, te creo, aunque… ¿Y la Jones?

- Para que veas que te soy sincero, le pediré al genio que me la corte si tan siquiera llegara a acercarme a dos palmos de la tal Z Jones. ¿Estás con esto ya conforme? .

Y si que lo estuvo, si, que había confiansa y eso eran ya fuerzas mayores, y ya puesto, y predispuesto, y en toples la sultana, le ordenó al genio, que tomando de molde sus senos, hiciera dos copas del más fino cristal de bohemia y otras dos de oro y plata engarzadas en rubies y zafiros y una de un tacto tal a los labios que su propia carne sonrosada pareciera. (esta última fue un regalo que me hizo la sultana) . Luego ordenó al genio que dejara con la camella en el disierto y pa los restos a Salim y que a ellos, con palacete le regresa al país de las hadas donde fueron felices y vosotros ustedes le dieron por las narizes.
Y colorin colarado, yo me despido brindado, en una copa como no hay otra, que hasta con agua en ella, me emborracha, me embeleso y hasta me da y me la como a besos.

Uf, uf, necesito el boca a boca, que he acabao axfixiaoooo. ¿Alguna dama voluntaria?






Y para que comparéis, el original:

Aladino y la Lámpara maravillosa.

Aladino era un joven que vivía en Oriente Medio. Al morir su padre, su madre tuvo que trabajar sin descanso mientras su hijo crecía en las calles sin oficio .
Un día en el mercado, un anciano le preguntó por su padre, y al saber de su muerte lloró y le dijo:-Soy tu tío Salim hermano de tu padre. Llévame ante tu madre. En realidad era un mago africano.
Aladino lo llevo a su humilde casa, pero su madre no tenía que darles de comer. El mercader les dio unas monedas y les ofreció ayuda porque decía ser muy rico.-¿Que oficio tienes ?- le preguntó al muchacho y este no supo que decir; entonces su mamá contestó -No sabe nada, solo anda por las calles con sus amigos. -¡Pero esto no está bien! Ven con migo a la India y te ayudaré a poner una tienda de ricas telas. Por la mañana, partieron en camellos. Viajaron hasta la noche y el mago pidió a Aladino que recogiera leña para el fuego -Ve y luego te revelaré un secreto.-dijo el viejo. Al rato frente a una enorme fogata el mago comenzó a pronunciar palabras mágicas e y extrañas...¡De repente del fuego, salió una puerta de loza amarilla! Aladino atemorizado quiso huir pero el mago le ordenó :-¡Abre la losa, no te pasará nada y serás recompensado! Baja y atraviesa un jardín. Al final hallarás una lámpara de aceite colgada.¡Tráemela! Aladino encontró la lámpara y dentro de ella un anillo que se puso en el dedo. Al regresar se llenó los bolsillos de piedras preciosas que pendían de los arbustos del jardín. Cuando quiso salir del pozo el mago no quiso ayudarle, solo quería que le de la lámpara Aladino le suplicó que lo sacara pero el mago se puso furioso y le dijo que antes de sacarlo prefería perder los poderes de la lámpara y de un golpe serró la pequeña puerta. Entonces todo era oscuridad y frío y el pobre joven comenzó a frotarse las manos para darse calor y como una nube de luz salió del anillo; era un genio que le dijo: - "Amo haré lo que me ordenes" y sin pensarlo mucho Aladino le pidió que lo llevara a la casa de su mamá. En pocos segundos aparecieron allí y le contaron lo sucedido a su madre, esta muy triste dijo:-Hijo no se que hacer, ya no queda dinero ni para la comida...El genio del anillo que estaba oyendo todo se disculpó -No puedo, solo puedo llevarte de un sitio a otro. La madre entonces decidió vender la lámpara y comenzó a frotarla con un paño para limpiar la suciedad. De repente apareció un horrible genio que con una vos espantosa dijo. -Soy el esclavo de la lámpara .Ordenen y obedeceré. A partir de es día a Aladino y su madre no les faltó nada.
Aladino comenzó a aprender el oficio de comerciante y un día paseando por el mercado vio pasar a la hermosa hija del sultán quien lo enamoró con solo una mirada. Al llegar a su casa el joven pidió a su madre que llevase las piedras preciosas que había recogido en el jardín y que le pidiese la mano de su hija para poder casarse con ella. La mamá trató de convencer al sultán pero este le propuso -Si tu hijo construye antes de mañana un espléndido palacio, consentiré esta boda. Aladino ansioso le pidió al genio de la lámpara que levantara un palacio de mármol y piedras preciosas, con el jardín mas bello de todos. Al día siguiente el sultán quedó impresionado al ver tal palacio y concedió la mano de su hija al muchacho. En pocos días se casaron y comenzaron una vida muy feliz.
Pero en África el viejo mago se enteró de que Aladino no había muerto y furioso emprendió su regreso para buscar la lámpara maravillosa. Al llegar compró lámparas nuevas y las llevó al palacio -¿Quién cambia lámparas nuevas por viejas?-iba gritando. La princesa que estaba en el balcón ofreció la vieja lámpara de Aladino al anciano. Al anochecer el mago hizo aparecer al genio y le ordenó -Deseo que me lleves, junto al palacio y la princesa, al África. El genio arrancó el palacio y lo llevó en sus brazos rápidamente.
El sultán al enterarse sospechó de Aladino, entonces este tuvo que contarle a su suegro su desgraciad aventura .-Te perdonaré la vida si antes de cuarenta días y cuarenta noches me traes a mi hija.- le dijo el sultán. El joven estaba desesperado pero se acordó del genio del anillo y lo hizo aparecer y le ordenó que lo llevara junto a la princesa. Casi sin darse cuenta, aparecieron en África. El joven encontró a su esposa llorando. Llegó hasta ella y le contó lo sucedido. -¿Dónde está la lámpara ahora ?- preguntó a la princesa. -El malvado mago no se separaba ni un segundo de ella.
Entre los dos elaboraron un plan : ella se puso hermosísima e invitó al mago a cenar y cuando este se entretuvo tomando una copa de vino Aladino aprovechó recuperó la lámpara y lanzó al viejo por el balcón. Luego hizo aparecer al genio y le ordenó que los devuelva a Oriente junto al palacio.
El sultán y la mamá de Aladino abrazaron felices a sus hijos al verlos llegar.
Organizaron una semana entera de festejos...Aladino llegó a reinar en Oriente y fue feliz con la princesa por mucho tiempo.

FIN

El reloj de carillón.

Bueno, este relato acaba de participar en un concurso con otros 20, y ha quedado el tercero, si, si, ni más ni menos que el tercero, empatado con el segundo, así que creo que merece la pena que lo leáis.

Ah, se me olvidaba, que despistado que soy ...

... por la cola.
¡El tercero empatado con el segundo, empezando por la cola!.
Con tres míseros puntos, cuando el ganador ha sacado cincuenta y tantos.
Snif, snif, snif. bua, bua, bua.

Hago un hincapié. Es que pues ... veréis ... resulta que los participantes en el concurso se votaban entre si y claro, pues está claro, para no restarse puntos a ellos y así ganar, -pues no se podían votar a si mismos-, en vez de votar a los relatos que más les gustaban, pues votaban a los que menos les gustaban, y por eso, este ha quedado en esa posición. Juas. En fin. De algo hay que consolarse, ¿no?.


El reloj de carillón

En tiempo inmemorial, ese tiempo antiguo no fijado de forma fehaciente por legajos, ni documento alguno, ni aun por los testigos más ancianos, - si es que acaso en algún instante existiese -, sobre el monte del Olimpo, los dioses griegos jugaban a ser mitología, observando el devenir de unas insignificantes criaturas dedicadas a poblar un espacio efímero del orbe.

Cronos, el Dios grecolatino del Tiempo, que a través de los ojos de los relojes de péndulo escudriñaba el acaecer de los mortales, contempló intrigado una escena enigmática. Alguien le invocaba, le rememoraba a través del espacio, le adulaba con lisonjas, y él, presuntuoso, vanidoso, deseoso de ser halagado se detuvo a observar.

Una mujer de singular figura, austera y sentimental, leía en un libro, cómica y tiernamente, el pasaje donde el Sombrerero le contaba a Alicia que si fuese amiga del Tiempo podría hacer lo que quisiera …
“.. pues no tendrías más que susurrarle al Tiempo tu deseo y el Tiempo en un abrir y cerrar de ojos haría girar las agujas de tu reloj …”

- He querido, he deseado por un momento... –Murmuro en un susurro, y una lágrima humedeció sus párpados. - ...ser amiga del Tiempo y demandarle una máquina con la cual poder volar hacia mis recuerdos del pasado, hacía mi vida perdida en la edad…!

Yo construiré para ti esa máquina -Sonrió Cronos con melancolía y compasión desde su observatorio- Pobre criatura solitaria, errante y triste ¿Por qué me inspira sentimientos de amor y dulzura? . Acaso tan solo Afrodita la alcance en belleza.

Y ella levantó la vista del libro hacia el reloj de carillón, creyendo haber oído. El cajetín estaba abierto y le invitaba a entrar, ella anhelaba su pasado, su juventud perdida, las risas, las locuras, la capacidad de asombro, el descubrir el enigma de las verdades ocultas, la sensación eufórica del primer beso y del primer acto de amor y cuando Cronos le ofreció el viaje dijo si. No le importaba ser el conejillo de indias de la máquina del tiempo, la cual consistía en extraer recuerdos vividos y pasados de su mente y recrearlos otra vez como una pieza de teatro, pero … ¿Se estaría volviendo loca? ¿Estaría soñando como Alicia?.

Se introdujo en el reloj de pared, y en la oscuridad dos ojos rutilantes la miraban, y oyó dentro una voz que le aseveraba:

- Tú me has tratado como a un antiguo amigo, con franqueza cordial, y por ello tendrás tu deseo, este es mi regalo, es una máquina del tiempo, sólo cógete de mi mano y volaremos al lugar y tiempo de tu ensueño.

Se dejó llevar, algo tan quimérico era demasiado absurdo para no ser real, si había enloquecido, era una locura mágica e iba a vivirla, no importase lo embrujada que fuese.
Sintió la caricia de unas manos abandonadas sobre las suyas, un palpitar de otro cuerpo y un estremecimiento ajeno, e intuyó el deseo, un sentimiento que no confundiría con nada, proviniese de un mortal ó de un Dios, el sentimiento ajeno y amoroso de un hombre.

¡Cronos se había enamorado!

Y ella deseó volver a tener veinte años, al amor de antaño, a ese atardecer de verano en la costa, en las cumbres, y el Dios del Tiempo allá la llevó.
Allí estaba ahora, caminando por el borde del abismo, sobre un mar anchuroso que removía sus pequeñas ondas a cien metros de profundidad; asido al talle del joven más romántico y dulce que jamás conociese.
Había escogido el lugar y el tiempo del pasado en que su vida perdió el rumbo, el sentido, el instante anterior al vuelo hacia la nada, pues ella, inocente e ingenua, creyó poder cambiar el rumbo del destino. Fue ahí delante, unos metros más allá, donde el cuerpo se precipitó a la negrura azulada y asesina de las rocas del acantilado y ahora ella estaba allí de nuevo y lo impediría, no le iba a dejar caer. Le detuvo. Se besaron con pasión mientras la fresca brisa salada le atusaba los cabellos. Le obligó a volver, a regresar, a no seguir más allá, abrazándolo con ansiedad, rayando el paroxismo de la histeria.
No lo volvería a perder por segunda vez.

Y entonces sintió como sus brazos dejaban de abrazar, sintió una fuerza impetuosa y brusca que les separaba y volvió a ver los ojos rutilantes del reloj de pared y al Tiempo hecho brisa que revoloteaba alejándolos e intuyó unas manos que empujaban un cuerpo al abismo y un grito y sus lágrimas de impotencia y de nuevo la brisa jugando con su pelo y sintió la caricia de las manos de Cronos sobre su rostro, y ella palmeó el aire, intentando arrancar aquella pesadilla hecha áurea sobre su faz y sintiose cómplice culpable de aquel crimen.

- ¡Tú le mataste ¡ - gritó sollozando al vacío- ¡Tú le has matado¡ . ¿Por qué …? .
y recordó la sensación, el estremecimiento amoroso del dios del Tiempo y lo entendió todo.
Por celos, por amor.

- Si no te hubiese conocido, él quizá seguiría vivo ya que tú eres su asesino.
Quiero… quiero regresar al futuro inmediato, a ese instante anterior a mi deseo de ser tu amiga, a ese instante en que el reloj de pared aun no era nada mas que un simple reloj y tú aun no existías. ¡Maldito seas! .

Sintió la caricia de unas invisibles manos temblorosas sobre las suyas, unas manos de un Dios que sabía que había perdido la amistad de aquella mujer para siempre, el amor que nunca le daría y a cambio había ganado su odio y su rencor infinitos.

Cronos, por deseo de ella, la regresó al presente y …

- ¿Por qué estás destrozando el reloj, cariño? – le preguntó confundido el hombre con el cual caminara un día, juntos, por el borde del abismo-
- Porque no quiero que el Tiempo te arrebate de mi lado.